Confía pero no le contestan
Te escriben a las diez de la noche, o mientras estás operando. Nadie responde en el momento exacto en que la persona estaba decidida. Al día siguiente ya se fue a otro lado.
El asistente contesta lo que tu recepción contesta cuarenta veces al día: precio, dirección, si atiendes tal seguro, qué necesita traer, cuándo hay espacio. Lo hace en el segundo en que preguntan, a la hora que sea.
Y lo hace dentro de límites que tú defines. El asistente no diagnostica, no orienta clínicamente y no opina sobre un tratamiento. Informa, agenda y recuerda. Cuando la conversación se sale de ahí, la pasa a una persona.
Lo que lo separa de un chatbot genérico es que tú lo puedes ver. Entras al panel, lees exactamente qué respondió, corriges lo que no te gusta, y lo apagas cuando quieras. No estás delegando a ciegas.
Cuándo se notaDesde el primer día encendido. Es el único de los cuatro servicios cuyo efecto se ve en la misma semana.
Míralo funcionando
Un martes, 10:47 de la noche
Consultorio Dermatología
en línea
Conversación de ejemplo. No es la captura de una paciente real.
Contestó en el segundo
Son las 10:47 de la noche. Aquí es donde hoy se te caen los pacientes: no porque no quieras contestar, sino porque estás durmiendo.
No diagnosticó, y eso es lo importante
Le preguntaron si la mancha «era algo malo». El asistente se negó a opinar y la llevó a consulta. Ese límite está escrito en sus instrucciones y lo revisas tú antes de encenderlo.
La cita quedó agendada
Sobre tu disponibilidad real, con la dirección y con el recordatorio del miércoles ya programado. Mañana lo lees en el panel, y si algo no te gustó, lo corriges.
Sin rodeos
Las mismas dudas aparecen en todas las reuniones. Están respondidas aquí para que no tengas que preguntarlas.
Va a contestar lo que tu recepción contesta cuarenta veces al día: precio, dirección, si atiendes tal seguro, qué traer, cuándo hay espacio. Antes de encender nada te mostramos conversaciones reales para que veas exactamente cómo habla. Y después de encendido puedes entrar al panel, leer cada respuesta que dio, corregir lo que no te gusta y apagarlo. No estás delegando a ciegas: estás delegando algo que puedes auditar.
El asistente no diagnostica, no interpreta síntomas y no opina sobre tratamientos. Ese límite está escrito en sus instrucciones y se revisa contigo antes de encenderlo. Su trabajo es informar, agendar y recordar. Cuando una conversación se sale de ahí —alguien describe un síntoma, pregunta si debe preocuparse— el asistente lo dice y pasa la conversación a una persona. Es el único diseño defendible: la responsabilidad clínica es tuya y no puede delegarse a un software.
No, y conviene que ella lo escuche de ti. Lo que el asistente le quita es lo repetitivo: la misma respuesta cuarenta veces al día, los mensajes fuera de hora, la llamada mientras está atendiendo a alguien en la sala. Lo que le queda es lo que solo una persona puede hacer bien: recibir al paciente que está en frente, manejar la excepción, resolver el caso difícil. En la práctica ella es la primera que lo defiende, porque es quien más gana con el cambio.
Y después de esto
Reserva y no aparece. Los viernes es peor: confirman y el día de la cita no llega nadie. Con un ticket de S/200, cada inasistencia es una hora que ya no se puede vender.
Que el espacio que reservaste se ocupe, y que si se libera lo sepas a tiempo para revenderlo. →Media hora de llamada y te mandamos por escrito qué aparece hoy cuando alguien busca tu especialidad en tu distrito, cómo está tu ficha de Google y qué pasa con los mensajes que llegan fuera de hora. Con capturas. Es tuyo.
Lunes a viernes, de 09:00 a 19:00. Fuera de ese horario contesta el asistente, que es justamente el que te queremos instalar.